Depresión en todos los sentidos.

La depresión da asco “en todos los sentidos”.

Vista

Oscuridad y desorden.
Todo está oscuro, no subes las persianas y la luz de las bombillas siempre es vaga. Hay bolsas de la compra tiradas por todo el salón. Guardas lo perecedero, vas cogiendo lo necesario cuando haga falta y las bolsas siguen ahí. Días y semanas, hasta que ves una mosca salir de una de ellas.
Mierda, se había caído una puta manzana de su bolsa transparente y ahora está ahí tirada en la bolsa, aplastada contra la única bebida energética que queda, blanda, casi desecha, mitad marrón y mitad totalmente negra. Podrías morderla y caer como Blancanieves.

Gusto

Sabe a comida recalentada.
A comida precocinada.
A comida medio cruda porque no tienes ganas de cocinar pero necesitas comer.
A patatas de bolsa.
Sabe a comida que caducó hace dos días y a comida que no estás muy segura de cuánto lleva en la despensa.
A veces sabe a vino o a chocolate, probablemente lo único bueno que encuentres en todo esto.
Quizá por eso nos hacemos adictos.

El Tacto

¿Qué se siente con depresión?
¿Sentir? Nadie te toca.
Quizá tú, a rachas. Puedes no tocarte en meses o perderte en ti varias veces al día.
Aún así no sientes nada, ni si quiera sabes con seguridad qué te duele, dónde con exactitud.
La nada, no sientes, nada bueno ni nada malo.
Puede que sea por el Valium.

Oído

Tu propia voz.
Solo la tuya, la de nadie más. Tu voz hablándole al gato, tu voz hablándole a la tele, tu voz quejándose de los vecinos y del tráfico, del ruido de la calle, de los niños que juegan afuera, tu voz pero proyectada hacia la nada, sin hablarle a nadie.

Tu voz diciéndote constantemente lo que deberías estar haciendo.
Ni siquiera es exactamente tu voz.
Suena mayor, suena cansada, con un matiz ronco que tu verdadera voz no tiene.
No, definitivamente no es tu voz, aunque la oigas en tu mente y salga de tu garganta.

Olfato

Esta es la peor parte.
la mezcla de suciedad mal disimulada con ambientador
De sudor con desodorante y colonia.Por cierto, el champú seco ya no es capaz de disimular los días que hace que no te metes en la ducha.
De comida podrida.
De la basura que hace días que no sacas.
¿Y desde cuándo no cambias la arena del gato?

Lo hueles, lo sientes, lo ves… oyes a tu voz diciéndote constantemente lo que deberías estar haciendo. Pero simplemente no consigues reaccionar.

 

 

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