Sobre mi experiencia como cuidadora de ancianos.

Aclaro antes de empezar que trabajo en casas, no en asilo.

A veces, no muchas, sinceramente, me canso de trabajar con mayores.

Unas porque llegué a este trabajo de casualidad y aquí me quedé sin ser lo que buscaba y sin haberlo tenido nunca en mente; otras, las menos, por la persona en sí.

Y otras por sus hijos, que (hablaré solo en mi caso y no por las demás), tienden a creer que somos chachas, tratarnos con cierta superioridad e infravalorar nuestro trabajo porque, cita textual de la mayoría “no tienes que hacer nada, solo echarle un ojo”, JÁ.

¿Tienes idea de las necesidades básicas de una persona? Física y psicológicamente. Nunca es “solo echarle un ojo”, nunca es “solo ponerle la comida”, nunca hay un “solo”.

El caso es que otras veces me doy cuenta de cuánto necesitan a alguien que esté ahí para ellos, porque ellos llevan toda su vida (presente incluido) estando para otros sin ser recíproco.

Hijos que no están para ellos pero que, cuando necesitan desahogarse acuden a ellos, cuando necesitan dinero acuden a ellos, cuando necesitan que le cuiden al nieto van a ellos, cuando están de mal humor lo pagan con ellos…
Y ellos ahí, aguantando lo propio y lo ajeno con una sonrisa porque “es su deber” como madre/padre cuidar de sus hijos y, si ellos son así, pues qué le vamos a hacer.

Sin embargo, estos casi nunca quieren llevar a sus padres a un asilo porque creen que es horrible (o al menos poniendo esa excusa por no pagarlo… pero no entremos en eso).
A ver, si elegís el más barato o uno en unas condiciones pésimas, etc, está claro. Si elegís en base a su bienestar, estarán mejor que con hijos que no quieren cuidarle:

  • Atención sanitaria especializada
  • Distracciones y hobbies
  • Compañía y amistades (la mayoría de los que son cuidados por los hijos de sienten solos, especialmente si os oyen discutir por los turnos en su maldita cara).
  • Espacio acondicionado a sus necesidades.

Lo único malo de un buen asilo es dejarles allí y olvidar que existen, un asilo no es una pesadilla, una pesadilla es oír a los hijos que has criado discutir para no quedarse contigo.

Como he dicho antes, necesitan a alguien que esté ahí para ellos, alguien que les oiga, alguien con que se sientan seguros contando todo lo que tienen en la cabeza, tanto preocupaciones como cualquier cosilla tonta que quieran contar porque sí, porque siguen siendo personas… y que no cuentan a sus hijos porque “bastante tienen con lo suyo” o porque directamente no se sienten escuchados y/o comprendidos.

Entonces me doy cuenta del bien que hago, de cuánto me necesitan, y casi casi se me pasa, porque cobrar cobro una miseria, mardita sea.

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