Amortentia cutre

Dicen que la amortentia tiene un olor diferente para cada persona, la mía debe ser la más cutre.

Tu aliento a cerveza caliente fue, durante mucho tiempo, mi afrodisíaco.

Al igual que a los perros de Pavlov se les hacía la boca agua con sólo escuchar la campana, mis piernas se abrían con tu aliento.

Era la alarma que avisaba de que tus manos iban a recorrer mi piel; no demasiado, lo justo para que yo también me hiciera agua.

Parecías usar el alcohol como un lubricante mental que te ayudara a deslizarte por dónde tanto costaba entrar (tú sabrás por qué).

Párate a pensar, ¿alguna vez me follaste sobrio?

Yo no recuerdo el olor de tu aliento sin cerveza.

 

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© 2017 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

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