¡Guardias! ¡Guardias!, Terry Pratchett

-Quiero decir, menos mal que tenemos una posibilidad desesperada de uno ‘contra un millón, ¡si no estaríamos en apuros!
-Oh, sí-asintió Nobby con tristeza-. Qué suerte tenemos.
[…]
-Se me ocurre que puede haber un problema -dijo.
-¿Cuál, sargento? -quiso saber Zanahoria.
El sargento Colon parecía desanimado.
-Bueeeno, ¿qué pasará si no se trata de una posibilidad de uno contra un millón? -preguntó.
Nobby se lo quedó mirando.
-¿Qué quieres decir?
-Bueno, nada, las posibilidades desesperadas de uno contra un millón siempre funcionan, eso no es problema, pero…, bueno, eso es demasiado concreto, ¿no te parece?
-Explicate.
-¿Y si sólo es una posibilidad de uno contra mil? -preguntó Colon, angustiado.
-¿Qué?
-¿Alguien ha oído hablar de una posibilidad de uno contra mil que haya funcionado?
Zanahoria alzó la vista.
-No digas esas cosas, sargento -protestó-. Nadie ha visto jamás que funcionara una posibilidad de uno contra mil. Las posibilidades en contra son de… -calculó, moviendo los labios en silencio-, de uno contra millones.
-Eso. Millones -asintió Nobby.
-Así que sólo funcionará si la posibilidad es verdaderamente de uno contra un millón -terminó el sargento.
-Supongo que tienes razón –asintió Nobby.
-Así que, uno contra 999.943, por ejemplo… -empezó Colon.
Zanahoria sacudió la cabeza.
-No tendríamos ni una posibilidad. Nadie ha dicho nunca «Es una posibilidad de uno contra 999.943, pero puede funcionar».


Cada uno pensaba: alguno de los otros dirá algo pronto, protestará, y entonces yo murmuraré un asentimiento, sin decir nada, claro, que no estoy loco, pero murmuraré con toda firmeza, para que a los demás no les quede duda de que estoy en contra, porque en momentos como éste todos los hombres decentes tienen que casi levantarse y casi hacerse oír… Pero nadie dijo nada. Qué cobardes, pensaron todos.


No me extraña que siempre se emborrachara antes de empezar a pensar sobre las cosas. Siempre nos derrotamos A nosotros mismos antes de empezar.


-Es increíble cómo se le ocurren a uno las ideas cuando está en la cama, siempre lo he dicho.


Se le ocurrió que, aunque lo que los humanos hicieran unos con otros le importaba un rábano, había cierto tipo de actividades que convenía cortar de raíz, no fuera que a los perpetradores, confiados por el éxito, se les ocurriera empezar a hacer las mismas cosas con los libros.


Si había algo que le deprimía más que su propio cinismo, era que a menudo no era ni la mitad de cínico que la vida real.


Por su cinismo y por su hastío ante el mundo en general, que son algo así como la prueba del carbono para la personalidad, debía de tener unos siete mil años.


La pelea era una de esas encantadoras peleas de enanos, con unos cien participantes y unos ciento cincuenta bandos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s