El hilo

Conoces esa leyenda japonesa, ¿no? La del hilo rojo…

Yo a veces jugaba con mi hilo rojo, como una niña insegura, como lo que era, seguramente. Preguntándome si pasaría toda mi vida jugando al juego del hilo sola, apañándome para montar la siguiente figura sin más ayuda que la mía, no tenía otra cosa que hacer con mi hilo.

Con él caminé por la cuerda floja y con él me cosí las heridas al levantarme.

Incluso lo enredé en varias camas, en camas hotel y camas en las que creí que pasaría el resto de mis noches.

Volví a caer y volví a coserme nuevas heridas, y aún no alcanzo el otro extremo.

Y viniste. Sin buscarte, sin esperarte… y enredamos nuestros hilos… y el mío se tensa cuando te alejas, como si tiraras de él.

Si tú no tienes el otro extremo de mi hilo, confundamos al destino, átame cuando quieras, átame cuanto quieras, átame y enredemonos hasta que no sepa donde empieza el tuyo y donde acaba el mío, hasta que se crea que yo soy tuya y tú eres mío, como nosotros nos lo creemos.

Y si nos pilla le diremos que no hemos sido nosotros, que ya estaba así cuando lo vimos.

 

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© 2016 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

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