Sakura

Vi como todo se desvanecía a mi alrededor.
Como si un terremoto derrumbara todo cuanto construí.
Las ruinas que quedan se tambalean a merced del viento.
No se cuando, pero se que cederán, se que un día dejarán de resistirse y no habrá nada que hacer.
¿Acaso ahora hay algo que hacer?
Solo miro fijamente como desafían la gravedad e intento mantenerlas.
Sabe Dios que pongo todas mis fuerzas para mantener en pie los restos de mi pequeño imperio, y parece que los desequilibre aún más.
Entonces me pregunto si debería seguir jugando a ser Dios y empezar a ser Nadie, bueno, “empezar”, supongo que es lo que siempre fui.
Me pregunto si debería dejarlo estar y simplemente sentarme a observar como se derrumba, poco a poco, a la velocidad de los pétalos de un cerezo.
Quizá planté un cerezo en lugar de crear un imperio.
Y no sirve llorar.
¿Para que regar un puñado de pétalos?
Y no sirve guardarlos, tarde o temprano se marchitarán, como los recuerdos.
No puedes salvar lo que ya ha muerto.
No puedes jugar a ser Dios en un mundo en el que incluso los sentimientos son mortales.

 

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© 2016 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

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