Una marioneta más

– Si, estoy segura.
– Sabe que es irreversible.
– Lo se.
– Y que aún está en fase experimental.
– Ahá.
– Es increíble lo que hace la gente por dinero -murmuró su compañero.
– No estoy sorda. Y concuerdo con su opinión, está usted aquí a pesar de que veo que lo desaprueba, ¿cuánto le pagan? Menos que a los que se prestan como cobayas, imagino.
– Sigamos -dijo el primero- ¿Qué hay de su familia, sus libros favoritos, sus amigos? ¿Tiene alguna carrera?
– ¿Somete a este interrogatorio a todos los “conejillos de indias”?
– En realidad eres el primer sujeto.
– Sujeto… Bueno, le informo que me sometieron a un estricto y emotivo cuestionario hace unas semanas.
– Estoy al tanto, pero debemos hacer varios para comprobar la estabilidad mental del individuo, una especie de seguimiento. Dígame, ¿que cree que haría con el dinero si saliera mal?
– Eso me dispongo a averiguar.
– ¿Insinúa que cree que saldrá mal?
– Bueno, es lo que me gustaría.
– A nosotros no, señorita…
– Blanco. Sonia Blanco.
– Señorita Blanco. Como decía, nosotros buscamos, evidentemente, un buen resultado, sería un gran avance para el s…
– ¿Podría cruzar esa puerta de una maldita vez y tirarme en la camilla a dejar que me hagáis lo que os de la gana?
– Nosotros solo entrevistamos. Deje aquí sus datos personales, por favor, y un número de contacto de algún familiar.
– Claro – cogí el papel y el bolígrafo  que me pasó y lo rellené con mi propia dirección y  número.
– ¡Sánchez! ¡Sujeto 1, perfil 3!- me echó “sutilmente” el otro compañero.
– ¡Que pase!
La sala era una mezcla entre un quirófano y la sala de experimentos del Dr.  Frankenstein. Aunque este doctor, en principio, parecía estar mejor de la cabeza.
– Ponte cómoda, dijo señalando un sillón lleno de cables.
Cómodo no era la palabra con la que yo lo habría descrito.
– ¿Han sido muy crueles mis colegas?
– No les he dejado, ya tuve bastante en la otra sesión.
– Supongo que no es una decisión fácil cuando sabes lo que puedes perder.
– Realmente es más fácil de lo que podáis creer -deje escapar una mueca que simulaba una sonrisa.
– Entiendo- añadió el doctor finalizando así la conversación.

Me senté y empezó a prepararlo todo, cables, bisturíes, pantallas…

– Sabes que tengo que raparte la cabeza para ponerte todo esto, ¿no? – me preguntó con una decena de cables en las manos, luego se rió – es broma, vaya cara has puesto, es irónico que se te haya descompuesto la cara con eso y sin embargo no te preocupe arriesgarte a perder la memoria.

Si le hablara a cualquier otra persona podría haber tenido razón, pero para mí, eso no era  mucho que perder ¿qué podía querer recordar? Una mierda de infancia, una mierda de adolescencia, una mierda de vida en la que siempre he estado sola, una zona de confort nada confortable, así que, ante la dificultad de abandonarla por mi misma, por mis miedos, este es mi comodín para dejarlo todo atrás.
No recordar que nada de mi pasado.
¿Los contras?
Bueno, he apuntado mi dirección para saber donde vivo y poder volver, pero no la dirección de mi trabajo ni a qué me dedico, con el dinero que van a darme podré sobrevivir mientras encuentro otro trabajo. En principio creo que no hay contras, no hay nadie en mi vida a quién me importe olvidar, no tengo ninguna carrera cuyos conocimientos pueda perder. Y he hecho una lista de mis películas y libros favoritos, podré verlos de nuevo por primera vez, eso es genial, ¿no?

Salga bien o mal tendré el dinero.

Si todo sale “mal”… bueno, hace unos meses recibí un billete de avión, una dirección, y una nota anónima que decía que allí encontraría mi lugar. No es algo muy fiable, pero lo usaré y empezaré una nueva vida lejos de aquí, al no recordar nada no me preguntaré si es un asesino en serie, un payaso psicópata o un dragón, simplemente será una dirección a la que ir. Sin recuerdos no hay miedos, sin anécdotas no hay traumas, sin viejas certezas no hay nuevas incertidumbres.

Pero si todo sale “bien” no se qué haré, ¿seguiré como una idiota, guiándome por mis miedos?  Probablemente. Nuestra memoria es así de traicionera, no quiere que salgamos de lo conocido, no importa lo terrible que sea. Me gustaría pensar que yo no soy así, que soy diferente, que soy objetiva y no me dejo manipular por… por mi misma. Pero no es cierto. Soy una marioneta más.

– Bueno, vamos a ello.

Empieza a ponerme los cables y se enciende la pantalla, es similar a la que marca la frecuencia cardíaca.
El experimento consiste en eliminar un recuerdo de mi mente, solo uno.

– Bien, quiero que pienses en algo que no quieres recordar y luego en algo que sí. Aquí se reflejara la intensidad de tus recuerdos, luego yo, tras distinguir ese mal recuerdo, debo eliminarlo de raíz.
La primera opción es a través de una descarga eléctrica en tu cráneo en la zona correcta. Si no funciona, la segunda es algo más desagradable.

Me enseñó una aguja enorme.

– ¿Continuamos?
– Sí.




– ¿Que hago aquí? ¿Quien es usted?
– Me temo que todo ha salido mal… Te prestaste a un experimento en el que corrías el riesgo de perder tus recuerdos.
– ¿¡Y me dejasteis hacer algo así!? ¿¡Cómo permitís eso a nadie!?
– Pues porque realmente querías que saliera mal y olvidar algo,no nos dijiste el qué, además también  querías esto -me ofreció una gran cantidad de dinero- y me pediste que, si esto pasaba, te diera esto -era un billete de avión y una dirección.
No sabía que decir, lo cogí todo en silencio.
– Gracias -conseguí decir- supongo. Y supongo que he de ir aquí… para algo…
– No diste detalles, solo pediste que te lo entregáramos. Y gracias a ti por tu colaboración,  esperamos mejores resultados para la próxima vez.
– Ya… eh… suerte… – mi voz era a penas un susurro- ¿la salida?




 

El doctor salió de la sala y se reunió con sus compañeros
– ¿Y bien? ¿Qué tal ha ido?
– Parece que todo ha salido según lo planeado -comentó a sus dos compañeros- la chica va directa a la fase dos de la investigación.
– Ya os dije que era un buen sujeto.

 

 

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© 2015 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

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