Sin próxima parada

Madrugada.
Un bus en la puerta de un hotel el medio de la nada.
Parada de descanso, pues los chóferes también son personas.
Suena el teléfono.

— ¿Qué quieres?… Yéndome… Me da igual… No, no me voy a bajar… No, no vengas, he dicho que me voy…

Su voz empieza a temblar, empieza a llamar la atención del resto de pasajeros.

— Déjame, por favor… No, quiero irme… A donde sea… No te lo voy a decir… Que no me voy a bajar, que no… ¿Verme para qué?… No quiero… Estoy llamando la atención, por favor, déjame.

Y llora. Y llorando sigue hablando.

— En la puerta del hotel… Pero es que no quiero, quiero irme, no quiero bajarme… No… Por favor… ¿Pero por qué?… Me están mirando, para… No puedo más, estoy llamando la atención… Está bien… Sí, espero aquí… No.

Y baja del bus. Y nadie hace nada. Y nadie dice nada. Y el chófer arranca. Y todos permanecen en silencio.
Y se queda sola, de madrugada, en medio de la nada, esperando al lobo que un día se disfrazó de príncipe.

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© 2015 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

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