Ocho puertas +18

Al ver la oferta de trabajo no me lo pensé dos veces. No es que ofrecieran un dineral, pero llevaba unos meses en paro y no quería estancarme. Buscaban alguien urgente y yo cumplía los pocos requisitos.

  • Disponibilidad en horario nocturno.
  • Buena forma física.
  • Graduado escolar.

Y ya está.
Se trataba más de ser oportuno que de estar realmente cualificado. El anuncio era de vigilante nocturno, no decía dónde, pero mostraba un teléfono y una dirección de contacto y decidí personarme allí en cuanto acabara el café que me estaba tomando.

– ¡Cóbrame, Rafa! -grité al camarero.
– Un eurito por ser pa ti -dijo cuando llegó a mi lado.
– Sí, sí, ya, ¿sabes dónde está esta calle?- le pregunté mostrándole el anuncio.
– Eso creo que queda por la Avenida del Sol, frente a la zapatería, ¿sabes dónde digo?
– ¡Ah, sí! Gracias – dije dándole el euro y levantándome para irme.

No me fue difícil encontrar el lugar, y el hombre que me atendió, pese a ser un poco excéntrico, no dejó de ser amable. Me explicó el trabajo, era de guarda nocturno en un pequeño museo de cuadros desconocidos, al parecer el guarda anterior dejó el puesto unos días atrás sin ni siquiera avisar.

– ¿Ni siquiera se pasó a cobrar?
– Esperamos más responsabilidad por tu parte -dijo ignorando mi pregunta.- Si estás interesado, tu trabajo empezaría esta misma noche a las once y media y acabaría a las siete de la mañana.
-Estoy interesado.
– De vez en cuando entran nuevas piezas, estas  son llevadas allí por la noche, ya que ofrece mala presencia estar cargando y colocándolos en horario público -balanceaba la llave prácticamente en mi nariz ,mientras lo explicaba-, así que no te duermas en los laureles.

Le quité la llave de la mano y le pregunté la dirección.
– Allí estaré.
– Te esperaré para darte unas últimas indicaciones, sé puntual.


– Gracias por traerme, Irene, ¿nos vemos mañana?

– Ni hablar, voy contigo, le dices al señor rarito del que me has hablado que si puedo echar un vistazo y ya.

La miré de reojo con cara de “ya te vale” y la dejé acompañarme hasta donde me esperaba el larguirucho y encorvado señor con cara de impaciencia.

– ¡Buenas! – Saludó ella con su actitud dicharachera habitual.
El hombre me lanzó una mirada de desconfianza desde sus ojos saltones .
– ¿Qué es lo que tienes en mente hacer en horario de trabajo con esta joven?
Su voz, aguda y a la vez ronca, parecía penetrar en el oído y quedarse ahí rebotando por dentro de la cabeza. Y por su forma de hablar pareciera que estaba a la defensiva, con las garras fuera como un felino a punto de atacar.
– ¿Eh? Oh, ¡no, no! Para nada, no piense eso. Ella solo quería echar un vistazo a las obras, ya que su horario de trabajo no le permite hacerlo cuando está abierto. Si usted nos da permiso, claro.
– Está bien -murmuró dubitativo-. Pero ha de marcharse antes de las doce. Ahora escúchame con la oreja más limpia que tengas, muchacho. Estas son las normas:

  • Se puntual
  • No salgas a no ser que sea estrictamente necesario
  • ¡No te duermas!
  • No toques los cuadros

– Lo pillo, no se toca. ¿Tan valiosos son?
– Más que tu vida, seguro.
– Eentieendoo. Ehm, esto… ¿puedo hacerle una pregunta?
– No me gustan los entrometidos.
Metí la mano en el bolsillo buscando la llave, en realidad solo pretendía romper el contacto visual con él, así que me tomé mas tiempo del necesario en sacar las llaves.
– Está bien, dime tu pregunta. Pero ni una tontería más, en cuanto te responda si es que te respondo, empiezas a trabajar, holgazán. Ya deberías llevar cinco minutos en tu puesto.
– El tiempo vuela cuando se está en buena compañía -respondió Irene con una amplia e irónica sonrisa que ambos ignoramos.
– ¿Que relación tiene usted con el museo? -pregunté al fin.
– La más importante, hago los marcos.
– ¿Los marcos?
– Eso he dicho. A trabajar.

Irene y yo entramos y mientras cerraba la verja pudimos ver como el peculiar señor se adentraba en la oscuridad y desaparecía de nuestra vista.

Al dejar atrás la entradilla llegamos a una lúgubre sala semicircular presidida por un perro enorme de tres cabezas con un trono a su lado.
Había cuatro puertas a su derecha y cuatro más a su izquierda.

– ¡Es Cerbero! -exclamó corriendo a acariciarlo.
– ¡No toques!
– Oh, cierto.

Cada puerta tenía una frase escrita encima formando un arco.

– Que “creepy” es todo esto.
– Ya ves. ¿Cual quieres ver primero?
– Soy de las que empiezan el periódico por la última página.
– Si no has leído un periódico en tu vida.
– Calla idiota. Está bien, vayamos por orden.

Al abrir la primera puerta descubrimos las paredes llenas de cuadros macabros y perturbadores. Ambos nos quedamos petrificados bajo el umbral de la puerta.

En uno de los cuadros aparecía una mujer con obesidad mórbida con su hijo en brazos, ella se amamantaba a sí misma mientras su hijo lloraba y moría aparentemente de inanición.
Otro cuadro dejaba ver a un hombre con la boca cosida cocinando manjares y sirviéndoselos a hermosas jóvenes que comían mientras se reían de él y señalaban una mesa a parte en la que parecía estar la “comida” del hombre. Bebidas y batidos con un color no muy sano y moscas revoloteando alrededor.
En otro se veía a otro hombre encadenado a una mesa de cocina, otro señor sentado a la mesa le iba cortando como si de cualquier plato se tratara y se lo iba dando a probar. En definitiva, le obligaba a comerse a sí mismo.

 “Una serpiente se alberga en el hombre: su intestino.
Ella lo tienta, lo traiciona y lo castiga”
.
Víctor Hugo.
GULA

Cerré la puerta sin decir nada y miré a mi compañera de piso.
– Dios. Que mal rollo. ¿Tú quieres ver el resto de puertas?
– Por supuesto. Son inquietantes, pero tienen algo bueno.
– Sorpréndeme.
– Que yo no tengo que pasar la noche aquí y tú si -dijo abriendo la segunda puerta.

CONTINUARÁ

He dividido este relato en dos partes (parte 2 aquí) porque al igual que en la primera puerta quiero describir varias escenas en cada una de las otras siete. Solo espero que no se os haga muy pesado, porque voy a disfrutar mucho exprimiendo mi imaginación en ellas y espero que lo disfrutéis vosotros (o ustedes, como se dice en mi tierra) también.
Un saludo.

Los “Me gusta” motivan, compartir ayuda más de lo que imaginas y los comentarios me dejan saber tu opinión respecto a lo que hago.
Además, si te ha gustado, puedes seguirme para que Wordpress te notifique en cuanto subo algo.

© 2015 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

Anuncios

4 comentarios sobre “Ocho puertas +18

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s