Aprendiz de bruja (Cuento infantil)

Bueno este cuento es de mi hermana de once años, con el cual ss+(2015-05-17+at+01.52.45)ha ganado la categoría infantil del concurso “local” (es de mi pueblo pero no hay limite de participación) de relatos cortos bajo el seudónimo “Croqueta de jamón” (tenía que decirlo).

Aprendiz de bruja

Hace mucho tiempo, en una aldea vivía una niña de nueve años, aunque muy bajita para su edad. Tenía el pelo rojo y rizado y los ojos marrones. Era muy buena chica aunque un poco patosa. Se llamaba Alma.
Alma, durante un tiempo se dio cuenta de que hacía cosas que los demás no podían hacer, así que fue a decírselo a Felisa, la madre.

– Mamá, me he dado cuenta de que hago cosas muy raras.
– ¿Qué clase de cosas, cariño?

– A veces no quiero hacer los deberes y el lápiz se mueve solo… aunque eso no me parece un problema. Ayer salí para el cole cinco minutos tarde, pero cuando llegué eran cinco minutos antes. ¡Cómo si hubiera parado el tiempo!

Hoy me he tropezado por las escaleras y he flotado en vez de caerme, ¡de verdad, mamá, he flotado! Y… – Alma agachó la mirada.
– Uy, uy, uy… No me gusta nada esa mirada. Y… ¿qué?

– Ayer me enfadé con Samuel y…- Alma miró a su madre a los ojos y volvió a agachar la mirada.

– Suéltalo muchachita.

La niña metió su mano en el bolsillo y sacó una lagartija.

-Pues… aquí está Samuel.

La madre le dijo:

-Alma, ¿lo has convertido en una lagartija?

– Si, lo he hecho sin querer -contestó Alma.

– Te tengo que decir una cosa muy importante: Eres una bruja, pero una bruja buena.

Alma asustada se fue corriendo a decirse lo a su amigo Adam.

Él era un chico normal, con el sueño de ser cantante. Tenía el pelo negro y ojos marrón oscuro. Era muy bueno.

Ese mismo día le había dicho su madre:

-Hijo, nunca te acerques a las brujas de la aldea.

Entonces llegó Alma. Adam se puso contento de ver a Alma porque hacía tiempo que no la veía y le pregunto:

– Hola Alma ¿Has visto a Samuel? Hace tiempo que no lo veo.

Ella no sabía cómo decirle que era una bruja y que había convertido a Samuel en una lagartija.

– Verás, Samuel es una lagartija.

– Ya sé que os peleasteis ayer, pero no hace falta insultar.

– Lo estoy diciendo literalmente, Adam –dijo Alma.

– ¿A qué te refieres? Ni que se hubiera transformado.

– Es que yo, por algún motivo extraño, hago cosas que los demás no pueden hacer –murmuró- Oye que bien se ha quedado el día ¿no?

– Dilo ya.

– Soy bruja.

Adam se quedó boquiabierto, pasmado.

– ¿Cómo que eres una bruja? No tienes verrugas ni la cara verde. ¿Y por qué me lo dices ahora?

– Yo antes no lo sabía.

ss+(2015-05-17+at+01.51.53)De repente aparecieron tres brujas malas y se llevaron a Adam. Alma intentó ayudarle, pero aún no sabía controlar sus poderes. De pronto apareció su madre, que llevaba buscándola desde que huyó asustada.

Felisa vio que se llevaban a Adam y corrió a ayudarle. Lanzó una bola de fuego a la bruja más fea y poderosa.

– ¡No te saldrás con la tuya, Andrea! –gritó.

Fátima, la bruja más vieja, paralizó a Felisa y Estefanía, la última y más gorda de las brujas la rodeó de fuego.

– ¡No nos detendrás! ¡Nos llevaremos a este niño! Tiene la sangre que necesitamos para el conjuro que acabará con todas las brujas buenas, ¡porque él tiene sangre de mago maligno!

– ¡No! Él no es malo – gritó alma- ¡Soltadle!

– ¡Eso es lo que piensas ahora!

– ¡Alma, tienes que salvarle! O moriremos nosotras y también él –gritó Felisa.

– No sé cómo hacerlo –lloriqueó la pequeña.

– Céntrate en él y en el poder que tienes que usar, ¡tú puedes!

– Asúmelo, esa niña repulsiva nunca lo conseguirá –rio una bruja.

De alrededor de Alma salieron raíces que se acercaban lentamente a las brujas, rodearon a Adam y lo llevaron hasta Alma. Pero las brujas no se iban a rendir tan fácilmente.

– Danos al niño o acabamos con tu madre.

Las brujas invocaron a un enorme dragón de ojos rojos. Estaba muy enfadado y echaba humor por la nariz.

– Cómete a esa bruja lela, no quiere más que proteger a los humanos y esconder lo que somos ¡este mundo debe de estar dominado por las brujas! ¡Somos superiores!
El dragón se volvió hacia ellas.

– Esperad, esperad ¿ella es la buena? Yo os estaba ayudando porque creía que erais vosotras las buenas. En mi currículum ponía que quería dar calor al mundo.
– Las brujas lo miraron extrañadas. Eres un dragón, escupes fuego, con dar calor te refieres a quemarlos a todos, ¿no?

– No, soy pacifista, he dejado de comer carbón para no escupir fuego, además no hay suficiente carbón para la gente mala en navidad.

Todos se miraron unos a otros. Las brujas sacaron sus varitas para defenderse, y se miraron unas a otras preguntándose qué hacer y Alma aprovechó su despiste para congelarlas.

– Dragón, comételas –gritó Adam.

– Soy vegetariano, peeeero… tengo algún que otro amigo que estaría encantado de zampárselas, me las llevaré.

El dragón cogió a las brujas y se fue volando.

– Ahora entiendo por qué mi madre me dijo que no me acercara a las brujas –dijo Adam.

– ¿Entonces no podrás ser mi amigo? – preguntó Alma triste

– Claro que sí, estoy seguro de que mi madre se refería a esas tres viejas malas. ¡Tú me has salvado!

– ¿A qué se referirían con que eras maligno?

Su madre respondió:

– Estoy segura de que solo lo dijeron para asustarte y que no le salvaras.

– ¡Ah! Pues entonces todo ha pasado ya, vayámonos a casa.

– Oye Alma, ¿qué era lo que ibas a contarme de Samuel?

Una lagartija paso entre los pies de Adam, Felisa chasqueó los dedos y lo siguiente que vio Adam fue a Samuel reptando entre sus pies.

Samuel huyó llorando y gritando:

– ¡Sois todos unos raros, voy a contárselo a mi madre!

Felisa le durmió para darle más tarde una poción que le borrara la memoria y dijo:
– Siempre he pensado que este chico estaría mejor siendo una lagartija.

ss+(2015-05-17+at+01.52.23)

©2015 Ana María Vega Ramírez. Todos los derechos reservados.

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