Sólo por esta noche

De nuevo te encuentras perdido entre mis sábanas.
De fondo, una suave melodía crea la ilusión de que nuestro encuentro es una noche de amor, nos da el romanticismo que a ambos nos falta.

Recomiendo oírla mientras se lee el relato

Que equivocada está.
A su vez, marca el compás de nuestros movimientos, ahora que aún somos capaces de controlarlos.
Pones tus manos en mis caderas y las subes suavemente, las tomo antes de que lleguen a su destino
Shh.
No esta noche. Hoy mandaré yo.
Déjame decidir, finge que estamos en el mismo nivel, déjame creer que eres mío.
Cuando acabe esta noche volveré a la realidad, solo me quedaré con el recuerdo, pero hoy déjame cubrir tus ojos.
Déjame atar tus manos.
Déjame perderme en tu cuerpo, vagar por cada poro, sin cronómetro, sin fronteras.
Déjame descubrir tu sabor.
Déjame descubrir que sonidos soy capaz de hacerte emitir.
Déjame erizar tu piel y dilatar tus pupilas sin que puedas evitarlo.
Déjame acariciarte hasta que mis yemas me escuezan, besarte hasta que mis labios estén arrugados, lamerte hasta que mi lengua quede seca.
Déjame soñar.
Tapo tus ojos y ato tus manos con un suave pañuelo. Me quedo contemplandote, así tumbado y atado casi pareces un ser indefenso, un ángel.
Pero ningún ángel sería capaz de hacerme sentir así, tanta ira, tanta envidia, tanta lujuria, tanta gula por comerte, tanta avaricia por poseerte, tanto fuego…
No… No eres un ángel, más bien eres el mismísimo demonio.
Y hoy vas a recibir tu merecido.
Enciendo unas velas con un suave aroma a vainilla y canela, pronto el aroma inunda la habitación y veo tus poros dilatarse, sigues ahí esperando paciente tu dulce tortura.
Cojo un hielo y lo paseo despacio desde debajo de tu oreja hasta tu ingle…
¿Cómo se siente el hielo?
Deberías saber por qué elegí jugar con hielo. El hielo eres tú. Frío. Un frío soportable pero que a la larga duele. Un frío que empieza de forma superficial pero se adentra en ti hasta quemarte.
Entonces cojo una de las velas y dejo caer una gota de su cera sobre ti. La cera soy yo. Ardiente, constante. Gota a gota su calor no cambia. A veces quema más, a veces menos, pero siempre esta ahí, haciendote sentir algo.
Gota a gota voy derramando la vela por tu pecho y, de nuevo, de rodillas entre tus piernas, me paro a contemplarte y decido que no puedo aguantar más las ganas de poseerte.
No tienes solución.
Pero yo tampoco.
Y somos felices así, con nuestra conformidad, con nuestra infelicidad autoimpuesta.

 

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© 2015 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

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2 comentarios sobre “Sólo por esta noche

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