La estrella de Anette

Huyendo a través del bosque, consiguió despistarles y meterse entre unos matorrales.
Oía a pocos metros las voces de los guardias.
– ¡Buscadla! Su cabeza, como la de cualquier otra bruja, tiene un precio. ¡Traedla viva o muerta!

Tenía la respiración agitada, y el corazón le latía tan fuerte que sentía que el propio rey podría oírlo desde la tranquilidad de su trono, así que intentó calmarse y respirar hondo.
Había tenido la mala fortuna de que le intentaran dar caza mientras se daba un baño y lavaba su ropa en el lago, solo vestía un fino camisón blanco gastado que usaba a modo de ropa interior y estaba empapado, al igual que su pelo.
Contempló sus heridas, tenía el cuerpo cubierto de arañazos, pero lo peor eran sus pies, ya que había atravesado medio bosque corriendo descalza.
-Esto no se va a curar con un mejunje de tres al cuarto – se dijo a sí misma pasando el dedo por un profundo corte en la planta y mordiéndose el labio para no chillar.

– ¡Te tengo, bruja! – oyó tras ella mientras una mano le cubría la boca y otra le agarraba las manos.
– ¿Qué hago ahora? Si te suelto las manos lanzaras un hechizo, y si  te destapo la boca formularás un conjuro -se decía a sí mismo- claro que el rey te quiere viva o muerta, podría crujirte el cuello rápidamente…

La bruja se dio cuenta de que esa voz sonaba demasiado joven para ser de un guardia y, ya con menos temor, decidió defenderse y le mordió la mano.
En el despiste del joven murmuró un conjuro y unas raices salieron de la tierra atando al chico.
– ¡Por favor, no me comas!

Anette aguantó las ganas de estallar a carcajadas ante lo absurdo de la situación. Solo se trataba de un pilluelo andrajoso de unos trece años.
– No no haré.
– Ni me mates -suplicó.
– Eso solo depende de ti. Dime, ¿quien te envía?
– Nadie, señora, solo… busco la recompensa.
– ¿Cuanto ofrecen por mi cabeza?
– 800 monedas.
– ¿De oro? -exclamó sorprendida.
– De plata.
– ¡¿Qué?! Seran hijos de arpía. Yo valgo más que eso.

– Tú no vales nada, solo eres una bruja que merece ir a la hoguera.
– Cierra el pico, aún estoy a tiempo de comerte.

Anette soltó las raíces que ataban al niño, rompió el encaje de su vestido y se lo dio.
– ¿Por qué me das esto?
– Ese hilo no es normal, es de oro, podrás venderlo y comprar medicinas para tu madre sin tener que ser atado por más brujas durante un tiempo.
– ¿Cómo sabes que mi madre…? Ah claro, adivinas cosas. Pensaba que las brujas eran malas.
– Lo sé. Los humanos son simples, evitan pararse a descubrir. ¿Tu crees que eres malo?
– Por supuesto que no.
– ¿Y hay humanos malos?
– Ya veo por donde vas.
–  Tienen miedo a lo desconocido y se inventan respuestas simples para evitar adentrarse en lo que no conocen. Pero nada es tan simple. ¿Ves esta estrella? Simboliza la unión de los cuatro elementos.
– Pero tiene cinco puntas.
– La superior es el espíritu. -añadió con una sonrisa- las brujas estamos en unión con los cuatro elementos y en espíritu de los seres vivos, incluido el propio. Pocas tienen la capacidad de dominarlos todos, por norma general dominamos uno y tenemos pequeñas nociones del resto. Con suerte dos, difícilmente tres.
– ¿Cuantos controlas tú?
– No estamos hablando de mí. El caso es que tenemos este don, pero depende de cada una de nosotras como lo usemos. Igual que si ponen una espada en la mano de un monje y otra en la de un asesino.
– Entonces eres buena, ¿no?
– Y no como niños. Vete ya, he tenido suficiente trato con humanos por hoy.

No muy lejos se oían pasos de caballos, el niño se fue.

– ¡Eh, tú, mocoso! -oyó Anette desde los arbustos- ¿Has visto una joven mojada con el pelo largo y rizado?

-Sí señor, está allí.
La bruja no se lo podía creer, miró a su pie y maldijo en voz baja, asomó la cabeza. El pequeño señalaba en dirección opuesta.

Suspiró y sonrió de oreja a oreja.
Sacó de su zurrón una bolsita de cuero con un mejunje para aliviar su herida.

Los “Me gusta” motivan, compartir ayuda más de lo que imaginas y los comentarios me dejan saber tu opinión respecto a lo que hago.
Además, si te ha gustado, puedes seguirme para que Wordpress te notifique en cuanto subo algo (aproximadamente una entrada a la semana).

© 2015 Mel Köiv. Todos los derechos reservados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s