La fruta de la pasión

– Aun pienso en ello cada madrugada antes de dormir, ¿y tú?
Cuando llegaste, fue como si hubiera descubierto todo un mundo lleno de nuevos colores nunca vistos.
No puedo olvidar tu boca entreabierta, como esperando a que penetraran en ella sabores desconocidos hasta entonces. Bueno, eso sí fue así, descubriste el sabor de mis labios y… algunos más. Fue el primer día que nos besamos, ¿recuerdas?

Tus manos recorrían mi cuerpo como si yo fuera un libro en braile y tu carecieras de vista, primero despacio y luego impaciente. Yo preferí hacer lo mismo pero con mis labios.
Saboreé cada poro de tu piel, no hay lugar de tu cuerpo que no recorriera, poseí cada lunar o mancha de nacimiento tuya aquella noche.
Pero ya apenas recuerdo tu sabor, recuerdo que era dulce, aún más que tu aroma, te di mi camiseta a cambio de la tuya para que tu olor permaneciera conmigo y no tuvieras frío al marcharte.
Quizá también por celos, no quería que, ni siquiera el viento rozara lo que aquella noche había sido mío.

Probablemente hayas tirado la camiseta, lo sé. Se que nunca voy a significar para ti lo que tu significas para mí, por eso he quedado hoy contigo aquí de nuevo, después de casi un mes de aquella noche y algunas visitas intermitentes en las que cada vez te deseé más que la anterior. Digamos que quiero “romper” por así decirlo. Es imposible seguir con esto mientras para ti es un juego y yo soy el que sufre.

No, calla, no digas nada. ¿Que por qué se que para ti no es mas que un juego? Detalles… Tu mirada fría contrarrestando la calidez de la mía mientras amaba todo tu ser, tus finales fingidos; si, querida, nos damos cuenta cuando fingís…
También esta el otro pequeño detalle. El de que después de cada polvo tenía que dejarte varios billetes y observarte salir por mi puerta, impotente desde mi cama, sabiendo que ibas a repetir la misma escena pero con otro hombre.
No puedo carecer de ti más noches, pero tampoco soportaría volver a pasar por eso.

– Te… quiero… -me susurras confusa ¿Esperas evitarlo con ese comentario?

– Se que me estás mintiendo – beso sus labios… ¡Dios!, sabía aún más dulce de lo que recordaba, más suaves que terciopelo, más jugosos que el melocotón. Sí, sin duda el melocotón la definía: dulce, suave, jugosa. Me gustaría llamarla Mel cada día a partir de este momento, si no fuera a apretar el gatillo de la pistola que tengo apoyada en su nuca en unos segundos, aún mientras nos besamos, para morir junto a ella, para tener mi final feliz aunque no sea como el de los cuentos de hadas,

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Un comentario sobre “La fruta de la pasión

  1. Juro solemnemente que el final no ha sido intencionado, que se me ha ocurrido sobre la marcha y que aunque yo me llamara de otra forma el final sería el mismo.

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