La trampa

Como cada noche después del trabajo, subí a mi coche para volver a casa, me sorprendió ver que estaba abierto, no solía ser tan despistada, pero no le dí mayor importancia, arranqué y me dispuse a tomar mi ruta de no mucho más de media hora.

Pero algo me inquietaba ese día desde que me monté en el coche. No sabría explicarlo, era una sensación, nada más, como ese cosquilleo en la nuca cuando “sientes” que alguien detrás de tí te está observando.

A mitad del camino, no pude resistir más e hice caso a mi paranoia; miré hacia atrás.

– ¿QUÉ COÑO? Mi reacción provocó que se desviara el coche.

Había alguien en el asiento trasero, por un momento pensé que todo era una especie de trampa de algún depravado sexual, luego me di cuenta de que estaba pálido, tenia ojeras, no se movía, no parpadeaba…

Es decir… ¿Había secuestrado un cadáver?

<<Mierda>> Respiro. <<Mierda>> Respiro. <<Mierda>> Respiro. MIERDA

No frena, el coche no frena,

———————————-

– En principio todo indica que la conductora, había asesinado a la otra víctima y luego decidió suicidarse, agente.

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